Para los organismos de seguridad pública estatales y locales, los incidentes relacionados con drones ya no son casos aislados. Desde concentraciones masivas e incidentes que requieren una respuesta de emergencia hasta una amplia variedad de operaciones policiales, las aeronaves no tripuladas se están convirtiendo en un reto operativo cada vez más habitual.
Sin embargo, hasta ahora, la competencia para responder de forma activa a estas amenazas ha recaído, en gran medida, en un número limitado de organismos federales.
La Norma Definitiva Provisional (IFR) publicada recientemente, que pone en práctica la Ley SAFER SKIES de EE. UU., supone un cambio significativo en este ámbito. Al establecer el marco operativo para que los organismos policiales y penitenciarios estatales, locales, tribales y territoriales (SLTT) lleven a cabo operaciones contra los UAS sin depender de las agencias federales para recibir apoyo sobre el terreno. La normativa abre la puerta a un enfoque más amplio y descentralizado para proteger a las comunidades frente a actividades maliciosas o no autorizadas con drones.

Más que una nueva autoridad
Aunque gran parte del debate en torno a la Ley SAFER SKIES se ha centrado en ampliar las competencias en materia de lucha contra los drones, la norma definitiva provisional va mucho más allá de la mera concesión de permisos.
En lugar de limitarse a permitir que los organismos actúen, establece cómo se espera que funcionen. El marco define los requisitos en materia de formación y certificación, las tecnologías autorizadas, los procedimientos operativos, la coordinación con las autoridades federales, la presentación de informes y el cumplimiento continuo.
Esta distinción es importante.
Las operaciones eficaces contra drones no consisten simplemente en detectar un dron y elegir una estrategia de mitigación. Requieren personal cualificado, tecnología fiable, procedimientos operativos claros y responsabilidad a lo largo de toda la intervención. La norma provisional definitiva reconoce que los programas eficaces contra los UAS se basan tanto en la preparación operativa como en la autoridad legal.
Para los organismos que se preparan para asumir estas nuevas responsabilidades, la cuestión ya no es simplemente si tienen la autoridad para actuar, sino si cuentan con los medios necesarios para hacerlo de forma eficaz, segura y coherente.
El futuro de la lucha contra los UAS no vendrá determinado simplemente por quién es capaz de actuar, sino por quién es capaz de hacerlo de forma responsable.
Preparación para el éxito operativo
A medida que las agencias comienzan a evaluar cómo desarrollar o ampliar sus capacidades de lucha contra los drones, hay una serie de consideraciones operativas que cobran cada vez más importancia.
La sencillez es importante

En estos momentos, muchas agencias no cuentan con unidades especializadas en la lucha contra los drones, integradas por personal especializado. Las capacidades de lucha contra los UAS suelen convertirse en una responsabilidad adicional que recae sobre el personal de las fuerzas del orden, que ya lleva a cabo una amplia variedad de misiones.
Los sistemas intuitivos, fáciles de aprender y sencillos de manejar pueden ayudar a los nuevos usuarios y a los organismos a poner en marcha las funciones de forma más eficiente, al reducir las necesidades de formación y, en última instancia, la carga de trabajo de los operadores. La tecnología debería permitir a los operadores tomar decisiones más rápidas y mejor fundamentadas, en lugar de añadir una complejidad innecesaria durante incidentes en los que el tiempo es un factor crítico.
Identificación fiable de amenazas
El aumento de las competencias operativas conlleva una responsabilidad igualmente importante: garantizar que cualquier decisión para neutralizar un dron sospechoso se base en información precisa.
Los operadores se basarán en dos elementos clave para tomar cualquier decisión: el primero es el tiempo (a menudo denominado «distancia de seguridad»), ya que detectar el dron a mayor distancia del espacio aéreo controlado proporciona a los agentes sobre el terreno tiempo para evaluar sus decisiones. Con determinadas tecnologías (por ejemplo, la manipulación del protocolo de radiofrecuencia ATL-2), se identifica la ubicación exacta del piloto, y una estrategia habitual empleada por los organismos consiste en enviar a los agentes a su ubicación. El segundo elemento es la certeza de que están respondiendo a una amenaza real. Identificación fiable de drones, el conocimiento continuo de la situación y la capacidad de distinguir entre aeronaves autorizadas y no autorizadas contribuyen a tomar mejores decisiones operativas, al tiempo que reducen las intervenciones innecesarias.
A medida que la actividad de los drones siga aumentando, la confianza en la identificación de amenazas cobrará tanta importancia como la mitigación eficaz de las mismas.
Respuesta controlada
No todos los incidentes relacionados con drones requieren la misma respuesta.
La capacidad de aplicar una estrategia de mitigación adecuada y proporcionada, basada en el entorno operativo y la naturaleza de la amenaza, se está convirtiendo en un elemento cada vez más importante de las operaciones modernas de lucha contra los UAS.
Igualmente importante es la forma en que se lleva a cabo esa respuesta. Las operaciones contra drones suelen desarrollarse en entornos complejos en los que las comunicaciones de seguridad pública, las infraestructuras críticas, las operaciones autorizadas con drones y las actividades civiles cotidianas continúan desarrollándose en paralelo a la propia amenaza. Una mitigación eficaz debe neutralizar la amenaza, evitando al mismo tiempo perturbaciones innecesarias en estas operaciones legítimas y minimizando los efectos colaterales no deseados.
En última instancia, el objetivo no es simplemente detener un dron, sino resolver el incidente con el nivel de respuesta adecuado. Por lo tanto, los organismos deberían evaluar tecnologías de defensa contra los UAS no solo por su capacidad para derribar un dron, sino también por la precisión y la responsabilidad con las que logran ese resultado.
Mejora continua
A medida que más organismos comienzan a llevar a cabo operaciones de lucha contra los UAS, cada misión se convierte en una oportunidad para reforzar la preparación de cara al futuro.
La capacidad de recopilar, conservar y compartir datos operativos cobrará cada vez más importancia, no solo para cumplir con los nuevos requisitos de presentación de informes, sino también para apoyar la formación, los análisis posteriores a las operaciones, la mejora continua y una mayor coordinación con los socios federales.
Por lo tanto, los programas de lucha contra los drones deberían diseñarse no solo para responder a las amenazas actuales, sino también para mejorar continuamente a medida que evolucionan las misiones, las tecnologías y los requisitos operativos.
Un momento decisivo para las operaciones contra drones
La norma provisional definitiva es más que un hito normativo: marca el inicio de un nuevo capítulo en la forma en que se integran las capacidades de lucha contra los drones en las operaciones cotidianas de seguridad pública en todo Estados Unidos. A medida que la competencia se amplíe más allá de los organismos federales, el éxito dependerá cada vez más de la capacidad de las organizaciones estatales y locales para desplegar capacidades que sean eficaces, responsables y operativamente sostenibles.
Los organismos que se preparen ahora, invirtiendo en las tecnologías adecuadas, en formación y en conceptos operativos, estarán en una posición óptima no solo para hacer frente a las amenazas en constante evolución que plantean los drones, sino también para hacerlo de forma segura, con confianza y con el nivel de control que exigen las operaciones modernas de seguridad pública.
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